Identidad y alcance
La Comunicación Inclusiva es aquella que se caracteriza por reflejar y garantizar la diversidad en sus mensajes, lenguajes y formatos, mostrando apertura y respeto hacia todas las personas y colectivos. Se entiende como una cualidad del discurso y de las prácticas comunicativas que, por su diseño y contenido, resultan accesibles, equitativas y representativas.
Función comunicativa
La comunicación inclusiva asegura que los mensajes sean percibidos como respetuosos y representativos de la pluralidad social. Sus funciones principales son:
- Representar: mostrar la diversidad cultural, social, de género y generacional en los contenidos.
- Normalizar: integrar la diferencia como parte natural de la comunicación.
- Sensibilizar: promover actitudes de respeto y equidad en los públicos.
- Atributo del mensaje: señalar que un discurso, campaña o práctica “es inclusiva” porque refleja diversidad y accesibilidad.
Diferenciación semántica con “Comunicación Incluyente”
- Inclusiva: describe una cualidad o atributo del mensaje o práctica comunicativa. Se centra en el resultado: un discurso que ya refleja diversidad y equidad.
- Incluyente: enfatiza la acción activa de incluir, es decir, la práctica consciente y estratégica de abrir espacios, dar voz y garantizar participación.
Desde la visión del Colcombc, ambos conceptos son complementarios: la Comunicación Incluyente subraya la acción ética y profesional de incluir, mientras que la Comunicación Inclusiva señala la cualidad alcanzada en el mensaje o práctica comunicativa.
Evolución y responsabilidad
En la era contemporánea, la comunicación inclusiva se expande hacia entornos digitales y transmedia, donde los mensajes deben adaptarse a múltiples lenguajes, códigos y plataformas para garantizar accesibilidad universal. La responsabilidad ética del comunicador consiste en diseñar discursos que no solo sean técnicamente correctos, sino también culturalmente sensibles y socialmente representativos.
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