Identidad y función
El receptor es el sujeto, entidad o instancia que recibe el mensaje dentro del proceso de comunicación. Su función principal consiste en decodificar la información transmitida por el emisor, interpretando los signos y símbolos de acuerdo con el código compartido y el contexto comunicativo. El receptor es el punto de llegada del mensaje y su identidad se define por la capacidad de otorgar sentido, retroalimentar y participar activamente en la interacción comunicativa.
Dimensión comunicativa
El receptor no se limita a ser un destinatario pasivo, sino que es un agente activo que aporta su bagaje cultural, lingüístico, social y tecnológico en la interpretación del mensaje. Puede ser una persona, un grupo, una comunidad, una institución o incluso un sistema automatizado en entornos digitales. La manera en que el receptor decodifica y responde al mensaje determina la eficacia del acto comunicativo y la calidad del vínculo entre emisor y receptor.
Evolución y responsabilidad
En la era contemporánea, el receptor se diversifica: además de los receptores tradicionales (individuos, audiencias, comunidades), emergen receptores digitales y colectivos, como usuarios de plataformas interactivas, comunidades virtuales y algoritmos que procesan mensajes. Esta evolución amplía las posibilidades de interacción, pero también exige responsabilidad crítica, pues el receptor influye en la circulación, reinterpretación y legitimación de los mensajes. Desde la visión del Colcombc, el receptor no es solo quien recibe información, sino un agente cultural y social que, mediante su interpretación y retroalimentación, contribuye a la construcción de significados y al fortalecimiento de la comunicación como fenómeno humano y democrático.
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