Comunicar desde la diversidad: una tarea urgente y colectiva

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En los últimos años, la conversación sobre diversidad, género e inclusión ha ganado espacio en los medios, las universidades y las redes sociales. Sin embargo, aún persisten vacíos profundos en la manera en que comunicamos y representamos las múltiples realidades que conforman nuestra sociedad. La diversidad no debería ser un tema marginal o de temporada, sino una mirada constante y transversal que atraviese toda práctica comunicativa.

Comunicar desde la diversidad implica reconocer que detrás de cada historia hay identidades, cuerpos y voces que merecen ser escuchadas y tratadas con dignidad. Desde la producción de contenidos hasta la publicidad, desde el periodismo hasta la comunicación institucional, las decisiones sobre cómo nombramos, a quién incluimos y cómo contamos las historias tienen un impacto directo en la percepción social, en la empatía y, sobre todo, en la justicia.

Más que representar, comprender

La verdadera inclusión no comienza con colocar una bandera de colores o una imagen diversa en una campaña. Comienza con la escucha. Con la disposición a entender los contextos, los retos y los matices de las personas y comunidades con las que trabajamos o sobre las que comunicamos.  El comunicólogo tiene la posibilidad —y la responsabilidad— de transformar el discurso público. Somos mediadores entre lo que ocurre y lo que la sociedad interpreta. Por eso, no basta con “hablar de inclusión”; hay que comunicar desde la inclusión.

El poder de las palabras

El lenguaje es una herramienta viva. Cambia, evoluciona y se adapta. Cuando usamos un lenguaje que respeta las identidades de las personas, estamos contribuyendo a derribar prejuicios y a construir espacios más seguros y empáticos.

El lenguaje inclusivo no es una moda ni un capricho. Es una práctica ética y profesional. Implica revisar nuestros hábitos comunicativos, cuestionar los estereotipos y apostar por palabras que sumen, no que excluyan. En cada texto, entrevista o mensaje institucional podemos elegir si reforzamos o transformamos las narrativas que históricamente han marginado a ciertos grupos.

Comunicar también es acompañar

Desde la comunicación, acompañamos procesos sociales, culturales y humanos. Cuando un medio decide cubrir una marcha del orgullo, cuando una empresa comunica sus políticas de inclusión, o cuando una institución académica impulsa el respeto a la diversidad, estamos hablando de comunicación que acompaña, que visibiliza y que legitima. En este sentido, las y los comunicólogos tenemos un papel crucial: ser puentes entre las realidades diversas y las audiencias amplias, narrar con empatía, y contribuir a que cada persona se reconozca en los mensajes que circulan en el espacio público.

Comunicar desde la diversidad es reconocer que nuestras palabras, imágenes y silencios tienen un impacto real en la vida de las personas. Implica escuchar con empatía, construir mensajes que abracen las diferencias y generar espacios donde todas las voces puedan expresarse sin miedo ni prejuicios. Desde cualquier trinchera —los medios, la academia, las redes o la comunidad—, comunicar con inclusión no es solo una práctica profesional: es un compromiso ético con la dignidad y el respeto de todas las personas.

Por José Juan López Ramos
Responsable de la Comisión de Diversidad Sexo-Genérica e Inclusión del COLCOMBC

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